Octubre 2025 
En este Veterinaria educación continua veterinaria en línea blog, Dr. Sesiones de juanEl DACVIM de Nashville Veterinary Specialists analiza cómo interpretar clínicamente los niveles elevados de enzimas hepáticas. Al examinar ALT, AST, ALP y GGT, junto con pruebas funcionales e imágenes, los veterinarios pueden identificar mejor la lesión hepatocelular subyacente o la colestasis, mejorando así la precisión diagnóstica y guiando la toma de decisiones terapéuticas oportunas.

ALT y ALP altas en perros: ¿ignorar o hacer todas las pruebas?

By Sesiones de juan, DVM, DACVIM, Especialistas veterinarios de Nashville


Introducción

En esta sesión, profundizamos en la evaluación clínica de las enfermedades hepatobiliares, con especial atención a los métodos de diagnóstico, las pruebas y las estrategias de manejo clínico asociadas con la elevación de las enzimas hepáticas en perros. Las enfermedades hepáticas son comunes en la práctica veterinaria, y comprender las diversas herramientas de diagnóstico y las consideraciones específicas de cada enfermedad es vital para un diagnóstico preciso y un tratamiento eficaz.

Pruebas de enzimas hepáticas: ALT, AST y sus implicaciones

Uno de los primeros indicadores de lesión hepatocelular son las alteraciones en los niveles de enzimas hepáticas. La alanina aminotransferasa (ALT) y la aspartato aminotransferasa (AST) son dos marcadores principales utilizados para evaluar el daño hepatocelular. La ALT es más específica de los hepatocitos y es un marcador sensible de lesión hepática, aunque tiene una vida media plasmática relativamente larga (aproximadamente 2.5 días) y puede permanecer elevada durante días o semanas después de una lesión aguda. Por el contrario, la AST está presente en diversos tejidos, en particular en las mitocondrias, y si bien puede indicar enfermedad hepática, es menos específica debido a su presencia en el tejido muscular. La AST también tiene una vida media más corta y se normaliza más rápidamente (de horas a días) en comparación con la ALT.

Cuando los niveles de ALT y AST aumentan, es crucial investigar la causa subyacente, especialmente si el aumento es más del doble del rango de referencia normal o persiste durante semanas o meses. Los niveles elevados de estas enzimas pueden indicar necrosis hepatocelular, hepatitis viral u otras patologías hepáticas.

Pruebas para colestasis e inducción de fármacos

Además de la ALT y la AST, la fosfatasa alcalina (FA) y la gamma-glutamiltransferasa (GGT) se miden comúnmente para evaluar la colestasis o la enfermedad de las vías biliares. La FA no suele estar presente en el tejido hepático normal, pero puede ser inducida por la obstrucción del flujo biliar o ciertos fármacos, como los glucocorticoides y los anticonvulsivos. La GGT es más específica para la enfermedad hepática, y sus niveles elevados indican claramente trastornos hepatobiliares, como la colangiohepatitis o la obstrucción de las vías biliares. Cuando tanto la FA como la GGT están elevadas, la probabilidad de enfermedad hepática aumenta al 94 %.

La enfermedad ósea, especialmente en perros jóvenes en crecimiento o con neoplasia ósea, también puede aumentar los niveles de fosfatasa alcalina (FA). Sin embargo, la GGT no se ve afectada por la patología ósea, lo que aumenta su especificidad diagnóstica. De igual manera, los anticonvulsivos como el fenobarbital pueden aumentar la FA, pero no afectan la actividad de la GGT.

Evaluación de la función hepática

La función hepática no se determina únicamente por la actividad enzimática. Otras pruebas bioquímicas, como la albúmina, la glucemia, la bilirrubina y los principales factores de coagulación, proporcionan información sobre la función hepática. Cabe destacar el papel de los ácidos biliares en la evaluación de la función hepatobiliar. Los niveles séricos de ácidos biliares, en particular al evaluar una muestra en ayunas y posprandial, pueden ofrecer información diagnóstica valiosa. Los niveles elevados de ácidos biliares séricos en ayunas (FSBA) son indicativos de enfermedad hepatobiliar, y las muestras posprandiales proporcionan una sensibilidad diagnóstica adicional, especialmente en casos de shunts portosistémicos o hipoplasia de la vena porta.

Los niveles de amoníaco también sirven como un importante marcador diagnóstico. Niveles altos de amoníaco indican una disfunción en la capacidad del hígado para desintoxicarse mediante la conversión de amoníaco en urea, lo cual es crucial para diagnosticar la derivación portosistémica o una disfunción hepática significativa.

Proteína C: un biomarcador de la función hepática

La proteína C, una proteína anticoagulante sintetizada en el hígado, se ha convertido en un biomarcador útil para la función hepática. Se ha detectado una disminución de la actividad de la proteína C en perros con shunts portosistémicos congénitos o adquiridos, lo que ofrece una posible herramienta diagnóstica para diferenciar entre shunts portosistémicos y displasia microvascular (DMV). Los niveles bajos de proteína C, junto con los niveles elevados de ácidos biliares, sugieren la presencia de shunts portosistémicos y podrían orientar el diagnóstico por imagen y el tratamiento.

Imágenes y biopsia: herramientas para el diagnóstico del hígado

Las técnicas de imagen, como la ecografía y las radiografías, son esenciales para evaluar el tamaño y la forma del hígado, así como la presencia de masas o anomalías del sistema biliar. Sin embargo, estos métodos no son suficientes para diferenciar tipos específicos de alteraciones parenquimatosas del hígado. La aspiración con aguja fina (PAAF) es útil para identificar hepatopatías vacuolares o neoplasias hepáticas, pero es menos eficaz para detectar cambios inflamatorios.

La biopsia hepática sigue siendo el método de referencia para diagnosticar el tipo y la extensión del daño hepático. Las biopsias con aguja guiadas por cirugía y ecografía proporcionan información histológica definitiva, lo que permite un tratamiento específico. Un estudio del Dr. David Twedt, que evaluó 150 biopsias hepáticas en perros, reveló hepatitis crónica, neoplasia y anomalías vasculares como causas comunes de enfermedad hepática. Sin embargo, el estudio también indicó que la biopsia con aguja debe interpretarse con cautela debido a las correlaciones variables con los resultados de la biopsia en cuña.

Hepatitis crónica canina

La hepatitis crónica canina es una afección caracterizada por la inflamación persistente del parénquima hepático que, si no se trata, puede progresar a cirrosis e hipertensión portal. Los hallazgos de laboratorio suelen incluir niveles elevados de ALT y AST, y algunos perros presentan un aumento de la bilirrubina y una disminución de los niveles de albúmina a medida que la enfermedad progresa. Los ácidos biliares séricos suelen estar elevados en la hepatitis crónica, y las mediciones posprandiales ofrecen una utilidad diagnóstica adicional.

La etiología de la hepatitis crónica sigue siendo incierta en la mayoría de los casos, aunque la hepatopatía asociada al cobre, especialmente en los Bedlington terriers, está bien documentada. La acumulación de cobre en el hígado es una preocupación importante, y el diagnóstico se realiza mediante biopsia hepática y técnicas de tinción histoquímica. Otras posibles causas incluyen la hepatitis inducida por fármacos, enfermedades inmunomediadas e infecciones como la leptospirosis o la Bartonella.

Manejo de la hepatitis crónica

El tratamiento de la hepatitis crónica busca abordar la causa subyacente (si se identifica) y controlar la respuesta inflamatoria para prevenir un mayor daño hepático. Las intervenciones terapéuticas específicas pueden incluir antiinflamatorios como prednisona, azatioprina o ciclosporina. En casos de hepatitis asociada al cobre, es fundamental la quelación del cobre con agentes como penicilamina o trientina, seguida de un tratamiento de por vida con zinc para prevenir la reacumulación de cobre.

Los cuidados de soporte, que incluyen el uso de antioxidantes como la vitamina E, la SAMe y el cardo mariano, se emplean comúnmente para proteger a los hepatocitos del daño oxidativo. El manejo de complicaciones secundarias como la ascitis, la encefalopatía hepática y la ulceración gastrointestinal también es esencial en casos de enfermedad hepática avanzada.

Pronóstico y resultado clínico

El pronóstico para perros con hepatitis crónica depende en gran medida del estadio de la enfermedad y de la presencia de complicaciones secundarias como cirrosis o hipertensión portal. Los estudios demuestran que los perros con hepatitis crónica en fase inicial pueden vivir varios años con el tratamiento adecuado, mientras que aquellos con cirrosis avanzada suelen tener una supervivencia mucho menor. El pronóstico es especialmente malo para perros con hipoalbuminemia significativa, hipoglucemia y coagulopatías.

Conclusión

Las enfermedades hepáticas en medicina veterinaria abarcan diversas patologías, cada una con estrategias de diagnóstico y tratamiento específicas. El diagnóstico precoz, con la ayuda de una combinación de pruebas enzimáticas, ácidos biliares, imágenes y biopsia, es fundamental para un tratamiento exitoso y un mejor pronóstico. Gracias a los avances en las herramientas de diagnóstico, como la actividad de la proteína C y las técnicas de imagen, los veterinarios ahora pueden evaluar con mayor precisión la función hepática y adaptar el tratamiento a las necesidades específicas de sus pacientes.

La clave para el manejo de la enfermedad hepática reside en un enfoque integral que incorpore la evaluación clínica, las pruebas de laboratorio y las técnicas de imagen adecuadas, además de un enfoque en terapias específicas para cada enfermedad. Gracias a la investigación continua y la experiencia clínica, los veterinarios pueden ofrecer una mejor atención y mejores resultados para los perros con enfermedades hepáticas.

 


  1. Fue un útil repaso de las pruebas específicas y los biomarcadores que debemos tener en cuenta. También nos recordó la diferencia entre ALT y AST.

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